miércoles, 18 de abril de 2018

Nena Modigliani (Parte II)

Ahora, antes que el planeta explote, debería decirte unas cuantas cosas. No cosas normales de esas que se van por las orillas, como siempre, como se van todos y continúan con sus infames monólogos sin escuchar a los demás, sin parar la lengua ni limpiarse los oídos. Cosas serias, duras, como las que se guardan y se dicen antes de la guerra. Ahora, cuando las calles y las almas son más frías, debería tenerte al lado para cantar y bailar una de esas canciones de amor. Para que los días se hagan más livianos y así aguantar cada grito, cada herida sin arrugar los ojos. Ahora que llueve y la lluvia hace espejos en el piso y veo mi rostro pálido y alargado, ahora que el suelo está frío y los olores son más olores, húmedos y puros. Ahora debería iniciar nuestra conversación muy a mi estilo de conversación-estilo-libre y mandarte "y tú qué tal" y verte guardar silencio mientras tomas el resto de tu cerveza y caminas por el lugar y cantas esa canción de Pink Floyd que nos recuerda al infierno y arrojas la lata contra el piso y recitas ese bello poema de Bukowski que dice eso de que el amor es un perro del..

Nena, estamos aquí en las orillas de la tierra, en los bordes de la civilización, y somos los televidentes de la estupidez planetaria y no hay más por hacer. Pero debemos guardar un abrazo para los días malos y unos tantos más para los días normales, para esos días en los que es más fácil aligerar el paso y regalar sonrisas, para esos días en que es más sencillo soportar la mierda del mundo.

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miércoles, 11 de abril de 2018

Solitarios corazones (en días cyberpunk)

Hemos aceptado, en medio del desconcierto, que somos una generación solitaria. Lo que antes pensábamos nos daría paz y nos convertiría en una aldea global terminó aislándonos y nuestros sueños, como los de las generaciones pasadas, también se fueron por la alcantarilla. La edad de oro de la ciencia ficción imaginó la salvación en estos avances de la ciencia, en una visión benigna del futuro que ofrecía grandes dosis de esperanza. En la serie de los robots de Isaac Asimov, por ejemplo, los androides estaban equipados con cerebros positrónicos, capacidades superiores a las de cualquier humano y regidos por leyes simples que ordenaban sus acciones y por tanto los hacían libres de la indecisión que a nosotros nos pesa. Los robots eran dedicados a resolver problemas complejos, a colonizar planetas y preparar el terreno para los humanos, pura felicidad. Y en el peor de los casos, cuando aparecía un atisbo de humanidad en ellos, eran desechados o descartados como en el cuento 'El asesino' de Stephen King en el que un pobre androide despierta sin conocer su lugar en el mundo y al intentar averiguar qué pasa, es borrado del mapa. Solo tipos como Philip K. Dick (creador de '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' que luego sería llevada genialmente al cine por Ridley Scott bajo el título de Blade Runner), William Gibson y su combo notaron que la cotidianidad arropada por la ciencia ficción sería mucho menos utópica de lo que esperaban los clásicos. Y sí, los usos para los androides serían también más humanos y primarios. Esta generación que pide desesperadamente algo de compañía en un afán por no descubrirse sola, ha tomado la ciencia ficción y la ha convertido en bizarra cotidianidad. Los japoneses, que son los primeros en probarlo todo, han sido pioneros en la distribución de androides de compañía (léase juguetes sexuales) que ya pueden conversar, responden al tacto y además, simulan orgasmos. No sé si da más miedo el sonido que producen los movimientos en las articulaciones de estos androides o la negativa de los compradores por buscar compañía humana, ahora cuando todavía se puede. Bienvenidos al presente.


No olviden comentar y compartir esta entrada. Eso me gustaría muchísimo.

P.D.: Dos de mis cuentos de robots, que vienen muy bien con el tema, fueron publicados hace algunos años en varias antologías y recogidos en el blog Grupo Jauría. Por si les apetece, aquí les dejo los enlaces: X-200W y Manual para armar a Cecilia.
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miércoles, 4 de abril de 2018

Diario de un procrastinador: Soñar como Lenny Nero

Desde la cómoda posición de mi sofá veo la intermitencia del cursor en la pantalla. Desde hace algún rato decidí sentarme a escribir pero aún no logro las palabras correctas en mi mente, porque primero van en la cabeza y luego en la pantalla, pues lo que no se tiene en la cabeza no se tiene en ninguna otra parte. Ya es tarde en la noche pero no me levanto a escribir a sabiendas de que si lo pospongo apenas unos minutos más, las letras de hoy quedarán para mañana o para quién sabe cuándo. De momento, me creo Lenny Nero buscando recuerdos medio olvidados o intentando, simplemente, pasar el rato. Me convencí de escribir ciencia ficción desde que vi las primeras escenas de 'Días extraños'. Eso que estaba en la pantalla lo quería para mí. Cada fibra, cada momento. No sabía yo que todo eso necesitaba una alta dosis de talento y otras cosas más, pero lo quería. Con Lenny aprendí qué eran los antihéroes antes de saber algo de antihéroes, encontré allí la hermosa y caótica estética cyberpunk tan lejana del polvo de mis recuerdos de adolescencia. Lenny Nero era el tipo duro que intentaba salvar a la chica en medio del apocalípsis del fin de año, del temido 2000. En ese momento supe que quería 'protas' que fueran duros, que salvaran a sus chicas, y bien si llevaban cables conectados al cuerpo, mejor si eran hackers desarrapados y muchísimo mejor si habitaban en la neblinosa zona de lo incorrecto. Y así lo intento, cuando puedo escribo y golpeo fuerte el teclado, aunque siempre exista una idea que va volando azarosamente en mi cabeza y me distraiga, como si reviviera un recuerdo implantado. Las distopías del cine han cambiado desde que vi a un expolicía venido a menos intentar salvar a la chica, pero las personas y las emociones son las mismas. En Días extraños los dealers negociaban clips, unos pequeños discos con recuerdos y emociones en primera persona que hacían felices a los desposeídos, a los adictos. Hoy la gente se saca fotos para Instagram y recibe likes. Nada ha cambiado.
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Tengo ya, en modo de borrador fumable, mi novelita cyberpunk. Ese proyecto que por años durmió el sueño de los justos. Las primeras líneas las puse en un blog por allá en 2011 y apenas hoy lo veo resuelto. Pero sí, para quien la recuerde, Desde el infierno, con amor ya está lista.

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Imagen: Vía ÁreaVisual

martes, 27 de marzo de 2018

Las ligas menores menores (de escritores independientes)

Hace unos días asistí a una charla donde un escritor contó los pormenores de su proceso creativo, los entresijos de la construcción de sus historias y la rutina que seguía a la hora de sentarse frente al computador. Al final, un tipo entusiasta pidió para él, y para todo el público, un consejo para los escritores independientes. El escritor de la charla enmudeció por unos segundos, se rascó la cabeza y al final dijo que todos los escritores que él conocía eran independientes, incluyéndose él mismo, pues todos vivían de alguna otra cosa: un guion para la televisión, un artículo lifestyle en revistas de variedades y así, y que ni siquiera él tenía la certeza de ser publicado por su editorial el año próximo debido a un inmenso catálogo que no hacía más que crecer. Todos somos independientes, sentenció al final. El hombre que preguntó volvió la mirada al piso y guardó silencio. Esa no era la respuesta que buscaba. La respuesta del escritor se sintió lejana, distante como Alfa Centauris. Imagino que el escritor quiso decirle que por aquí todos pertenecen a las ligas menores de la industria editorial. Sin embargo, lo que no mencionó el escritor, e imagino que por ahí iba encaminada la pregunta del otro, es que hay unas ligas menores menores. Unas ligas de escritores que son mucho más independientes, hijos de la era digital, que escriben a diario pero que no tienen contratos editoriales, ni canales de distribución, ni columnas en revistas de variedades, ni guiones de novelas de televisión por entregar. Un grupo grande que edita, publica y distribuye sus libros con dinero de su bolsillo y casi siempre a pérdida, armados solo con un perfil de facebook (o un blog como este) y pandillas de amigos que los secundan. Quizá son invisibles para la industria editorial y están ahí con la sangre caliente, esperando su momento desde la periferia o quizá ni siquiera les importe la industria.
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Imagen: Moebius

martes, 20 de marzo de 2018

Nuestro espíritu tibio

¿Existe acaso el espíritu de las naciones? ¿Existe una forma particular de ser nosotros? Quiero creer que no, que no existe una red invisible que nos une y nos hermana por el simple hecho de compartir el mismo espacio, el mismo aire. La cuestión es que si sí hay una forma particular de ser lo que somos, estamos casi en el fondo del charco y sin posibilidades de salida. Nuestras derrotas están siempre marcadas por un brillo de ingenuidad, por un anhelo de gloria, de un «casi» eterno, de una palmada en el hombro o de un triste y melancólico «la próxima será». Por otra parte, nuestras victorias son siempre pírricas o están cubiertas por un manto de duda o deshonestidad. Si tenemos una forma común de ser lo que somos es entonces la de un espíritu tibio y  desagradable de cualquier modo. Estamos, de alguna manera, condenados a la ambigüedad y al desconcierto. Y ni en ninguno de nuestros momentos, de nuestros mejores momentos, hemos sido capaces de tomar una posición clara, una posición propia. Estamos siempre dispuestos a pensar de oídas como si viviéramos en cueva oscura de la que nunca hemos salido y por tanto, no hemos visto el brillo del día que nos espera afuera. Una lástima. 
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Estoy escribiendo a buen ritmo, casi todos los días, varias horas por las noches. En breve, de seguir así, tendré completo Desde el infierno, con amor. Sí, ese proyecto cyberpunk que comenzó como una blognovela y que dejé tirado a mitad de camino por mucho tiempo. La cosa va así: un pequeño proyecto del que publiqué nueve entradas, nueve capítulos muy cortos y que esperaba concluir al llegar al número catorce. Hoy esos catorce capítulos consiguieron convertirse en veinte que publicaré en un solo volumen a finales de abril. Al menos ese es el plan. Ya veremos qué pasa.

Nos seguimos leyendo.
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Imagen: Vía Sanat Karavanı

miércoles, 8 de noviembre de 2017

"Celia" un cuento en Grupo Jauría

Hay algo en estas calles que me recuerda a Vinci, la ciudad ficticia que creó Nic Pizzolatto para la segunda parte de True Detective. Hay algo en el viento que comparten estos lugares que logra que la gente pierda la esperanza. Por fortuna, por ahora, queda la literatura para salvarnos. 

Hace unos días publiqué en el blog Grupo Jauría un cuento titulado Celia que apareció inicialmente a comienzos de 2016 en la antología Vuelo de palabras del Taller José Manuel Arango - Relata Valledupar. Allí hay un compendio de cuentos y poemas (muchos de los cuales ya han sido publicados en ese blog) de la pandilla de amigos que contra todo pronóstico continúa con el afán de seguir escribiendo y publicando cuentos y poemas en este lugar que parece condenado por el sol. Debe haber algo de masoquismo en todo ello, algo de desahogo que permite que la gente se pierda en la magia de las palabras y olvide el barullo de la calle. Ese algo que no parece existir en tierra de nadie (¿existen poetas en Vinci?), pero bueno, de eso no trata este post, solo quería dejar un enlace. A continuación se puede leer el primer párrafo del cuento:
No tenía ni puta idea de dónde estaba la Osa Mayor, pero cuando Celia me preguntó, yo le apunté con mi dedo índice a un grupito de estrellas, las que más brillaban esa noche. Ella me preguntó entonces cómo es que sabía en dónde encontrarlas. Le solté un rollo sobre los astros y le dije que, de pequeño, mi papá me enseñó a diferenciarlas, que no era tan difícil. No sé si Celia me creyó pero la tenía bien pegada a mí y le sentía la respiración, las teticas moviéndosele y su piel tibia recostada a las barandas del balcón. Le quise agarrar las nalgas pero ella notó mi intención y se movió a un costado. Me pidió que le prestara el baño, me hizo cara de urgencia. Celia sabía dónde estaba el baño. La vi caminar por el pasillo y voltear en esa dirección. Escuché cuando cerró la puerta, después, se quedó en silencio.

viernes, 6 de octubre de 2017

The Cure para no morir en las mañanas

Hoy el Guatapurí amaneció tranquilo. Se nota verde por el reflejo de los árboles de los costados y la luz de la mañana le hace brillar como si allí habitara un hada mágica. Estoy tomando un descanso o contestando una llamada y lo veo desde mi lugar en el mundo. Allá, de aquel lado del mundo, en las orillas del río, los vendedores organizan sus chazas y las mujeres, van en bañadores o en pequeños pantalones de jean acompañadas siempre por chicos sin camisas que llevan latas de cerveza en las manos. Es temprano en la mañana, y aunque de aquel lado del mundo suena la música con sus pitos y sus alaridos, en mi cabeza siguen danzando esas voces tristes que dicen lo de Remembering you standing quiet in the rain pero aquí el sol calienta como loco, nena. Veo a mujeres de bellos traseros que siguen caminando por el borde del río, riendo, algunas entran al agua y beben cerveza, otras simplemente se acomodan sobre las piedras y dejan pasar el rato. Debe ser viernes, que es, creo, el día menos triste de todos y siento que algo estoy haciendo mal pues debería estar allí con el agua fría hasta la cintura y varias cervezas en la cabeza pero por el contrario, en mi cubículo me espera una hoja de cálculo para que le exprima verdades y el río se ve distante desde aquí. Sigo la estela invisible que mandan mis auriculares desde el escritorio e imagino los golpes en la batería y una voz que me dice algo de ti, quizá un Whenever I'm alone with you/ You make me feel like I am fun again. Ese algo que me da alivio, esa canción de amor, ese algo que me cura de estas mañanas. Ahora estoy sentado frente a la pantalla y veo barras, datos y más datos y por entre las celdas de la hoja de cálculo veo como caen en cascadas, el agua y los sueños y veo claro a las muchachas con la piel tostada por el sol y el viento. Hay algo en esa música, nena, en la telaraña de los recuerdos, que me hacen pensar en el agua, el río, las cervezas y el aroma de tu casa y todo a oscuras y en silencio.

jueves, 15 de octubre de 2015

Fotos viejas

Sin darme cuenta me encuentro revisando fotos viejas, fotos que están aquí o allá, sin mucha importancia; y me sigo viendo como siempre. He cambiado y no es que sea como siempre, tú lo sabes, pero sí mantengo la misma mirada perdida e inexpresiva. Quizá, una forma más de querer perderme entre el clic de la cámara y la luz destellante del flash para no ver las cosas con el prisma adecuado. Una clase de búsqueda que no acaba porque tal vez no ha empezado. Hay una de estas fotografías que llama mucho mi atención. Una foto normal. Una foto en la que estoy mirando a ninguna parte y tú estás sonriendo, mirando, también, a ningún lado. La cuestión es que en la fotografía me veo como un don nadie, como uno de los Sospechosos habituales, temiendo el fin pero, aguardando por una gota de esperanza alojada en quién sabe donde. No creas que la cosa va por quererme creer un bravo y meter terror. Me falta el alma de Fenster y el traje de Keaton para completar semejante empresa. Esos sí son tipos duros. Nena, es difícil hablarte de una película que no has visto, pero sé que sí reconoces esa mirada de perro apaleado o de boxeador noqueado que pongo a veces. En la película es más o menos igual. Unos tipos, del medio lumpen de Los Ángeles, se juntan para cometer un gran 'golpe' y como imaginas, las cosas no salen bien, de otra forma perdería la gracia. Lo curioso niña mía, es que esos personajes saben que se pondrá feo. Saben, o al menos me gusta creerlo, que el final no será feliz, pero aun así, siguen adelante como caballos ebrios de emoción. Lo ves, no me digas que no has visto esa mirada, ese gesto-movimiento de todos los perdedores. Allí está toda la vida que se pierde, toda la calle que se desborda y todas las historias que no se cuentan. Al fin, recortes de periódicos, fotografías como pedazos de recuerdos: tú, sonriendo feliz, yo mirando a ninguna parte pero sin un gran golpe entre manos.

jueves, 26 de febrero de 2015

De qué hablamos cuando hablamos de premios

Leía ayer un artículo en el El espectador titulado Carver, el inspirador de González Iñárritu acerca de cómo Raymond Carver sirvió de inspiración al director Alejandro González Iñárritu para la creación de su premiada película Birdman. Recuerda el artículo, cómo el director agradeció a Carver y a su viuda; cómo, además, sirvieron sus cuentos para alimentar una trama llena de egos y cotidianidad. Y sí, el espíritu de Carver estaba por todos lados y no era solo cosa del filme del mexicano, sino en todo el teatro Dolby donde se entregaron los premios. Demasiadas sonrisas para una sola noche. En suma, la cotidianidad enmarcada en una sociedad siempre iluminada por los reflectores. Pensaba ¿Qué harán los perdedores con el discurso que prepararon por días y que guardaron en algún lugar de sus vestidos? También pensaba en los otros, actores que sirven solo de paisaje, tipos que llevan años sin realizar una película decente y asisten al evento para, qué sé yo, mantenerse vigentes ante en un público sin rostro que algún otro día, si la suerte es buena, llenará la taquilla del cine. Veía tanta gente feliz y solo me podía preguntar ¿quién es ese de ahí? ¿maquillador? ¿escenógrafo, amigo del escenógrafo? ¿primo de algún sonidista? y esa chica hermosa a quien la cámara enfocó por un instante ¿será la amante del sobrino de un productor? ¿amante de un productor? ¿una bomba sexy que espera su momento? De seguro la renta de vestidos en Hollywood estuvo muy movida estas semanas ¿Qué harían todos los que no fueron invitados a las fiestas de después? Me gusta imaginar que se fueron a comer hamburguesas al costado de una gasolinera. Los veo abanicando las manos mientras hablan de amor y chupan un cigarrillo. Perfectos personajes de un cuento de Carver. Ahí pintado sin más, el sueño americano.

miércoles, 11 de junio de 2014

El color de los días (Walkie talkies)

Nena, ya lo ves, soy cada vez más mediocre y me aturden, con cierta indolencia disimulada, el color de los días y el pitido de los carros. Con cada momento que pasa me convierto un poco más en un ser que va por ahí arrastrando los pies. Nena, no soy James Dean, aquí no hay nada de Rebeldes sin causa. Intentaba, desde hace mucho, escribirte una de estas conversaciones-muy-estilo-libre pero, estaba ocupado en nada, viendo pasar los carros y la fila que hacen las hormigas, de esas anaranjadas, desde mi cubículo. Debe ser que extraño verte pasar con mi camiseta del Ché o de Jim Morrison. Verte ir de un lado a otro, saltar de la cama, semidesnuda, moviendo el trasero y escuchar tu risa revotar contra los vidrios de la ventana. Alguna vez me dijiste que la gente sola, la que decide estar sola, no tiene esos problemas. Debe ser mucho más fácil, al menos confunden sus soledades con la coherencia de sus eructos. Ahora, me cuesta concentrarme en las palabras, y la cosa es que las palabras son engañosas, crueles y a veces, no son suficientes. Entonces ocurre que las palabras se me atrancan en la nuca y quizá tú, desde tu lugar del mundo, terminarás diciéndote que te digo las cosas, de una mejor forma, cuando estamos juntos en tus sueños o desde los deseos de que hable cosas razonables. Es un lío que me acompaña desde siempre. Y tu tiempo, el que suelo malgastar en esto, se ahoga en la sed de los vasos vacíos. Debería ser más sencillo, como un simple juego con walkie talkies. Decir "cambio", descansar y poder pensar las próximas palabras, las próximas respuestas. Aunque si así fuera, tampoco me alcanzaría el tiempo. Entonces tú, desde tu lugar del mundo, aguardarías durante largos silencios por la frase adecuada y te quedaría tiempo suficiente para pensar en colgar o en apagar el aparato. Nena, este día es gris y apenas estoy pensando en escribirte una conversación-muy-a-mi-estilo-libre-que-me-deje-pasarte-un-poco-de-mi-aliento. Escribirte niña mía, para liberar un poco las agujas del reloj, para saberte cerca, al menos, en la tinta del lapicero, en el tic/tac del cursor. No hay música. No hay Regina Spektor que me adormezca. No hay un temazo de Billy Joel para la mañana. No hay luz, y eso que por aquí, la luz de la mañana, se apura en salir. Tal vez en algún momento  después, pueda escribirte algo decente.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Siempre las guerras

Nena, siempre soñamos con la guerra. Hoy he despertado, en plena madrugada, sintiendo un vacío profundo entre los pocos centímetros de la cama que podrían separarnos y las miles de batallas a nuestro alrededor. En mi sueño, parece posible un modo de escape, una muy tenue luz al final del túnel pero, esa idea no es más que bruma que se hace inalcanzable y termino despertando con la respiración entrecortada y más triste que siempre. Hay, cariño mío, demasiadas balas rasantes para esquivar. Suficiente dolor en el aire para nadar como peces. Y lo peor es que ni siquiera en ese territorio neblinoso de los sueños salimos victoriosos. Anoche vi una de esas películas nuevas de cowboys protagonizada por un tipo dueño de las humedades de un montón de muchachitas, nada parecido a los tipos cara-culo de las películas viejas en donde lo importante era la rapidez con la que se apoyaba el arma a un costado de la cadera. De cualquier forma, esa era una película hecha para muchachitas que escapan con sus novios de colegio y se refugian en las salas de cine por una o dos horas y ni tú ni yo iríamos a perder el tiempo de esa forma, así lográramos, como lo enamorados, aligerar el tiempo y reír sin saber por qué. Nena, hay sueños que me persiguen y no me dejan en paz. Solo logro escribirte mi conversación-muy-a-lo-estilo-libre y golpear con fuerza para que el contacto con las teclas se haga música en mis oídos y pueda irme a descansar unos minutos más. Aunque quizá tú estés en la oscuridad, temblando, moviéndote de un lado al otro sofocada por el calor, soñando tu guerra personal, despertando sobresaltada y no encontrando a nadie conocido a tu costado.

Fuente: Imagen

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los rockstars no presionan delete

He vuelto a escribir. El piso está frío como el hielo, y eso es particularmente raro por aquí, no parece gran cosa, no es como descubrir una isla perdida o tener un buen día de trabajo solo que al menos el piso está frío y mis pies descalzos saben que algo no debe andar bien en el mundo. Quería escribir un montón de cosas impresionantes pero, al final de un rato, todo parecía porquería de palomas así que mantuve presionado delete hasta que todo lo que parecía significar algo no fue más que espacio blanco en la pantalla, algo más tranquilo, más puro. La escritura se convierte en puñados de soledades, en puñados de confesiones impersonales para los momentos más duros, todo lo demás si no es así, todo lo que reste es basura pegada en el techo. Por eso es que hay tipos que se vuelven locos y se bañan en las fuentes de los parques. Una vez conocí un tipo que se intoxicaba de calles, escribía poemas y los regalaba a putas viejas, al final, decidió por su propio bien, largarse a otra parte sin rumbo fijo, como un animal apaleado, triste y adolorido que recorre las avenidas. Pero, no es eso a lo que me refería, es que mis conversaciones estilo libre no son lo que solían ser, porque cada retazo de pensamiento no es otra cosa que una buena patada en el culo que se extingue al instante. Como ver un western y saber que el malo huele a muerte desde el primer fotograma. Cariño mío, ya te he dicho, no tengo esa mirada James Dean que tanto podría gustarte, no tengo un descapotable ni recorro bonitas carreteras interestatales por el placer de sentir el sol en la cara y al viento desordenarme el pelo, no escribo canciones de amor para sentirme mejor, no entono esos estribillos delicados que hablan del crazy love, no soy Van Morrison, no soy un rockstar, en conclusión. Solo soy un chico de pueblo con insomnio. Solo tengo miedos para ti y una lata de cerveza en la nevera. Y quizá, muy a tu pesar, ya ni siquiera quede la lata de cerveza.

Imagen: Nadador

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ball and chain para seguir borracho


Aquí en Valledupar, cariño mío, hay rastros de todos nuestros muertos y un par de buenos lugares con helado de vainilla. Hay por ahí un poco de nuestros fantasmas tomando cervezas, hablando del amor y la globalización. Hace unos días pensaba en tus latitudes, lugares y promesas, hace unos días me estaba olvidando de tus caminos. Cariño mío, tengo los pies calientes y el corazón tranquilo. En casa mamá está preparando una sopa para sabernos existentes, pero hay un algo que falta en el viento, unas palabras que no han vuelto con la rapidez necesaria. Hace unos días esperé un eclipse para tener algo que contarte y mirar al cielo con una sonrisa, pero, es bastante curioso, aquí llovía sin prisas (como las canciones viejas, como el blues en los bares maltrechos, como escuchar Ball and Chain para seguir borracho), agua fría y unas nubes amarillas, un espectáculo de lo más triste. El agua se entraba por la puerta y parecía decirme «vete al diablo que allí afuera no hay más que ceniza y mujeres con sus grandes culos pululando, sin rumbo, por la ciudad». Esta ciudad, cariño mío, ya te lo he dicho, me deja un mal sabor en la boca, es una ciudad muy amarilla, caliente y más melancólica que nada. Hasta los mendigos (ellos que son tipos siempre sonrientes, que se leen los periódicos atrasados y se acuestan en los pórticos de los casinos y los cajeros electrónicos) aquí se inyectan soledades en las venas, para pasar el rato y para no ver la tristeza muy manifiesta en los árboles que se mueven y dejan caer sus hojas cuando el viento los envuelve y se va. Es, cariño mío, un momento para escucharte en la voces de los demás, en el desespero de los televisores, en el reflejo de la próxima botella.   


viernes, 11 de mayo de 2012

Chucherías de las gasolineras

Hay algo que escucho en esta música, en esta voz de Van Morrison que me hace pensar en ti. Nena, no creas que pienso en ti a la manera corriente. Solo los pobres tipos pueden pensarte a la manera corriente y tampoco estoy tan mal para creerme un pobre diablo sin espíritu. La cosa es que ahora podrías estar moviéndote desnuda por ahí o solo quedarte con una de mis camisetas, una playera con un motivo de Marilyn Monroe o una de John Wayne donde le lanza una descarga a un desposeído y después se va a besar a su rubia de turno (¿cierto que ese tipo tenía la actitud para destrozar tres regimientos?), para verte andar por los corredores con los pies descalzos y la camiseta rosándote el trasero, que digas algo como «¿qué tal el día » y yo te conteste «bien nena, todo bien» así no más pero saber que vas a mirar el cielo gris y a fumarte algo cerca de la ventana y que ese humo recorrerá las calles y los andenes, y con suerte alcanzará a alguien o ese humo yéndose para regresar luego con la lluvia, saber que lees un magazín viejo de modas, de esos en que todos los chicos miran a la cámara con ese gesto de inenarrable tristeza y el cabello bien peinado. Pedirte un cigarrillo y sentir el olor de la caja vacía y de ese papel brillante que serviría, de lejos, para cubrir este mundo por completo y para envolver cigarrillos del tamaño de secuoyas. Nena, esa canción dice algo estupendo, como para decírtelo al oído a ti o a cualquier otra pero, es que nena, las buenas canciones siempre están en el aire y debemos cantar mientras nos quede aliento y mientras podamos andar en las carreteras buscando mares perdidos. Quiero que cantes conmigo Little darlin', come with me won't you help me share my load y que sonrías, que me pases un trago de tu botella, luego volver a la carretera para leerte algo de Salinger y comer chucherías de las gasolineras.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sol/Off

La tarde es frágil como las galletas de sal y el piso huele a desinfectante de hospital. Has dicho en alguna ocasión que el fuego pesa como las mentiras pero que las mentiras son más calientes y más incómodas de llevar. El piso está frío, mi cuerpo está desnudo y casi tan frío como el piso. Quiero escribirte algo con buena tinta, algo así como una conversación estilo libre donde parezca que prestas atención y donde yo aparente decirte algo importante. No hay hormigas ni ningún bicho en el piso, sólo se respira una incómoda blancura y seguro desde el suelo se debería ver mejor el techo, con las imperfecciones propias de todos los techos pero, no se ve nada diferente que si mirara hacia arriba estando de pie. En la pared, el suiche de la bombilla está en off y afuera, el sol está entre nubes y eso es algo similar a estar en off. Las ventanas cerradas reciben el golpe del viento aunque la vibración no es muy perceptible, pero están un poco empañadas y una que otra gota se desliza hacia abajo de vez en cuando. Algo del viento de afuera se cuela por la rendija de la puerta. Nena, hay algo que no cuadra con esto de estar pensando en escribirte palabras decentes, no hay nada bueno en mi tipo personal de conversación-estilo-libre. No hay papel o sí hay, pero no al alcance de la mano y eso es suficiente para que se justifique decir que no hay. Quiero escribirte algo y no pensar, escribirte algo con buena letra, dejar que la música siga sonando en algún lugar de la casa, recordar algo de Jethro Tull, cerrar los ojos, dejar que el sonido del viento llegue y que el año se acabe. El teléfono puede sonar en cualquier momento y odiaría contestarlo. No hay nada de conversación estilo libre en un teléfono, y en el teléfono no soy precisamente hábil así que seguir en el suelo es mi mejor forma de no hacer nada y por tanto mi forma ideal de engañar a mis tragedias por un rato. Seguro más tarde, en otra ocasión, los colores y las grietas del techo serán más claras y pueda entonces levantarme a escribirte algo.


martes, 20 de septiembre de 2011

La tristeza es más pastosa que el cemento



Nena, nuestros fantasmas están allí como un mal chiste que se dice cuando se está borracho. Valledupar grita y yo escucho. Recuerda que la ira te hace gritar y los orgasmos también, así que el silencio es la única sensación indivisible. El silencio es la única sensación de poder que se siente en las manos y en los ojos. Pero afecta directamente nuestros oídos. Si envuelves la risa de una cucaracha en una bóveda de concreto, a la vuelta de un año tendrás mil cucarachas y un alarido que ensordecería al planeta. Las cucarachas no son malas, simplemente encuentran la mejor forma de sobrevivir, como los políticos o como Batman, la misma cosa. La diferencia es que Batman lleva un vestido motivo murciélago y los políticos sonríen en los afiches. Hoy he visto tres películas, un vídeo musical y 7,32 minutos de porno. De las seis horas que estuve tirado frente a la pantalla he aprendido que estar tirado seis horas frente a una pantalla duele, y que la tristeza es más pastosa que el cemento. Porque hay colores que hablan de la gente y gente que se ve a blanco/negro. Nena, a mí me gusta el rojo porque se parece a la sangre y a los corazones, aunque no puedo negar que los colores en los westerns son geniales. Hoy he leído unas líneas de Bukowski: ¿Bebe?, me preguntará / ¿hace los ejercicios, / toma las vitaminas? / Creo que simplemente estoy enfermo / De la vida, siempre los mismos / Factores fluctuantes / Rancios. Bukowski era un buen tipo nena, y tenía los huevos suficientemente grandes para mirar a cualquiera y escupirlo a la cara, pero era incapaz de torcerle el cuello a un pollo. Lo comprendo. Soy la apuesta perdida de un tipo siempre perdedor en el hipódromo, soy los números fluctuantes en la pantalla cuando el perdedor mira. Y no creas que perder es algo bueno o tiene algún mérito, ni siquiera ser buen perdedor es suficiente. Los únicos perdedores famosos están condenados a muerte o perdieron la oportunidad de penalti en la final de un mundial, pero yo prefiero otras opciones. La lluvia cae y ahora mismo debe estar mojándose algún ladrón y una que otra víctima de ese ladrón. Recuerda nena: podemos escapar de los gritos, pero jamás del silencio. El silencio es asesino y viene por nosotros.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Sobre el blog, concursos y entradas

Desde hace más de cuatro años vengo publicando casi cualquier cosa en este blog, casi cualquier tema y cometiendo todos los errores posibles. 124 entradas, 748 comentarios. Es claro que no es nada notable, ni es tampoco el blog más popular, pero este espacio ha sido (como lo fue cuando lo abrí la primera vez) el rincón donde me siento protegido pero con las ventanas abiertas y paredes de cristal. Estos son los gritos que se pierden en la maraña de una red de enlaces y de posiciones. Siempre pienso en los escritores que se abren un espacio como este y lo hacen solo por petición de su editor o su representante. Los escritores latinoamericanos que publican en las editoriales “grandes” creen tener siempre lo oportuno para contar, la palabra final de la crítica, lo necesario para hablar mal de sus compañeros que los alcanzan en ventas y la capacidad para sentirse cómodos antes de dormir. Una forma de popularización en la web para luego poder vender el restante de los ejemplares editados. ¿Con qué soñarán los escritores? ¿soñarán con libros voladores?

Hace exactamente una semana, recibí un correo en el que me felicitaban y me adjuntaban el fallo de un concurso de cuentos en el que participé y del que resulté ganador. Vea, sigo escribiendo aquí, como ya dije, casi sobre cualquier cosa.
Sigo publicando mi blog novela Underground en el mismo sitio de siempre. Esta semana vamos para la quinta parte. (Gracias a todos los que se pasan por allí). Por cierto: Un día como hoy se cayeron las torres gemelas, y el mundo sigue igual, salvo por unas cuantas guerras que hemos visto en HD.

Buen día para todos. 

viernes, 2 de septiembre de 2011

La nueva interfaz de blogger y el la parte IV de Underground

Heme aquí escribiendo desde la nueva interfaz para blogger. Desde el 31 de Agosto Blogger cambió radicalmente la forma como se presentaba (Aunque uno debe elegir si se pasa a la nueva interfaz). Los cambios para los productos google se han venido con una rapidez extraordinaria; Téngase en cuenta, la configuración de Adsense, Youtube, las patentes, la aparición de google+ y ahora Blogger. Alguien puede pensar que es apresurado, pero blogger tenía unos cuatro años sin cambios  tan de fondo como estos que ha sufrido; ahora todo es más 'bonito', más parecido google+. ¿Tiene beneficios o es sólo apariencia? No he usado mucho tiempo la interfaz (ya diré más cuando pase el tiempo), pero sí es una interfaz, a todas luces, más rápida que la anterior. También se presenta de una forma más accesible, las cosas están más a la mano (Las etiquetas, la configuración de localización, las estadísticas, los ingresos de Adsense). Aquí en el blogger buzz pueden leer con detenimiento los beneficios de esta nueva interfaz. Ya era necesario para blogger, en buena hora por todos los bloggeros.

También escribo este post para comentarles que he publicado la parte IV de la blog novela que estoy desarrollo, Underground. Esta parte se titula "Todos somos amigos delDoctor Rata". Los invito a pasarse por allí y leer,  y también si lo desean, comentarme acerca del post, pueden comentarme aquí o allá. En cualquier lugar respondo los comentarios.

Tengan todos, un muy buen fin de semana.


viernes, 26 de agosto de 2011

La parte III de Underground: Follow the leader

Así es: Me la paso escribiendo. ¡Qué más puedo decir!.
Publico esta entrada para que sepan que ya se puede leer esta parte de la bog-novela Underground. A continuación   el enlace: Clic aquí  . 
Esta historia avanza bien, a buen ritmo,  y yo me siento bien con ello.

La próxima entrada en Mangadelvalle ya está por salir. Pocas líneas para terminarla, pero este post es simplemente para comentarles como avanza Underground

Buen día para todos.